jueves, 12 de marzo de 2020

Tarea durante el cierre del centro

Os dejo una serie de ejercicios para ir repasando durante estos días:

1.Separa el sujeto y el predicado de las siguientes oraciones:

1. La golondrina vio al hombre.

2. A mí me encantan los helados.

3. Nosotros iremos de excursión

4. Ella canta maravillosamente

5. No ha hecho su tarea

6. Se ha estropeado el televisor

7. Me han perdido las llaves

8. Este cuadro lo ha pintado mi hermana

9. ¿Te gusta la música clásica?

10.Se me han roto los pantalones

11.En el salón había una lámpara muy valiosa

12.Se nos ha escapado el perro

2.Señala los diferentes tipos de sintagmas en las siguientes oraciones.

1. Marta es muy hábil con las manos

2. El cine estaba muy cerca de mi casa

3. Baila la samba en la calle a las cinco

4. ¡Qué niños más inquietos!

3.Subraya el sintagma nominal sujeto y el sintagma verbal predicado y los núcleos de ambos.

a. Mi amigo Juan está muy enfadado

b. A las doce de la mañana sale tu padre de casa

c. El gato vino lleno de pulgas

d. Este año hemos ido a la playa en agosto

4.Señala el complemento directo en las siguientes oraciones

A tu hermano se le ha perdido el llavero.
Una cabeza de toro había en la pared.
Los socios del equipo prefieren a un entrenador español
El perro lo observaba fijamente.
El periódico lo compró María esta mañana.

5.Sustituye el complemento directo por un pronombre personal

Ayer vimos a tus padres.
Vendimos el coche a buen precio.
Abandonaron un perro en mi puerta.
No comprendemos tu disgusto en este momento.
Hemos encontrado desmejorado a Rafael.

6.Utiliza pronombres de COMPLEMENTO DIRECTO.
Juan bebe vino.
Yo leo el periódico.
Hacemos mañana una excursión.
María aprende inglés.
El cartero trae el correo.
Ellos venden su coche.
Nosotros tenemos tres hijos.
Yo no sé su número de teléfono.

7.Sustituye el complemento directo por el PRONOMBRE PERSONAL correspondiente, según el modelo:Pedro escucha la radio Pedro la escucha.

Nosotros colgamos el cuadro.
Susana corta el pan.
El profesor explica la lección.
Usted contesta las preguntas.
Petra calienta la comida.
Los padres acuestan al niño.
Ellas cuelgan los cuadros.
Él compra unos guantes.

8.Subraya el CI: 
  1. 1. Entregó el regalo a su amigo. 
  2. 2. Le dio muchos caramelos al niño.
  3. 3. A nadie le gustó la película.
  4. 4. Su hermano dirigió unas palabras  a los asistentes.
  5. 5. Escribió a su abuelo dos cartas desde Madrid. 
  6. 6. Me preocupa su adicción al tabaco.
  7. 7. El espejo me lo dio tu hermana.
  8. 8. La derrota nos dejó a todos muy tristes. 
  9. 9. Coméntaselo a todos tus amigos.
  10. 10. Ya hemos comprado la bici a tu hermano.  
  11. 11. A los dos amigos se les apareció, de repente, un oso.

miércoles, 17 de abril de 2013

La guerra de Troya


Explicar la historia adaptada a la edad de los niños a veces puede resultarnos complicado, convertirlo en un cuento puede ser la mejor opción para hacerles entender la historia, que la aprendan y la disfruten como si ellos mismos estuvieran viviéndolo.

Los inicios de la Guerra entre Troya y Grecia

Hace muchos años atrás, cuando todavía no existían los coches, un escritor de aquella época que se llamabaHomero escribió su obra “La Odisea” en la que contaba lo ocurrido entre el pueblo de Troya los griegos.
Troya era una ciudad grande, llena de murallas para poder defender a sus habitantes y estar preparados para pelear con los malos. En Troya gobernaba el rey Príamo que tenía dos hijos, Paris un hombre que destacaba por su hermosura allá donde fuera y, el otro era Héctor, un hombre valiente y fuerte.
La historia comienza cuando el príncipe Paris caminaba por la ciudad de Esparta (en Grecia) y de repente vio a una mujer de una hermosura inolvidable que se llamaba Helena, en seguida cayó rendido a sus pies pero había un problema, Helena no era una doncella cualquiera si no la esposa del rey Menelao de Grecia.
¿Os imagináis lo que pasó a continuación?
El príncipe Paris sin pensarlo ni un momento decidió llevarse consigo a Helena a las tierras de Troya sin que lo supiera su marido, pero claro, el rey Menelao pronto la echó en falta y su furia le desbordó.
En seguida convocó a una reunión a todos los reyes de Grecia para que juntos declararan la Guerra a Troya, fueron miles de naves y millones de soldados los que zarparon hacia Troya para limpiar el honor de este rey y recuperar a la reina.
Consiguieron llegar hasta Troya y rodearon la ciudad, por el día atacaban sin piedad mientras que por la noche todos descansaban para recuperar sus fuerzas para el día siguiente.

El fin de la guerra

Entre los griegos había un soldado que destacaba entre los demás por su valentía, Aquiles. Llevaban diez años de guerra y todavía no había un ganador pero uno de los reyes griegos, Ulises, pensó que podía construir un enorme caballo de madera en el que pusiera:
«Con la agradecida esperanza de un retorno seguro a sus casas después de una ausencia de nueve años, los griegos dedican esta ofrenda a Atenea»
Este caballo tenía una escotilla por donde entraros los soldados griegos escondidos, mientras que el resto se subió a los barcos para simular que se iban y, como os imaginaréis los troyanos les creyeron y festejaron que se había terminado la guerra por fin.
Mientras los troyanos festejaban, los griegos salieron del caballo de madera que había sido introducido en la ciudad y que había roto la muralla. Finalmente la guerra terminó, los griegos volvieron a Troya para participar en la guerra y apoyar a los soldados que estaban dentro del caballo.
La ciudad quedó totalmente destruida y ese fue el fin de Troya.


jueves, 11 de abril de 2013

Casa tomada de Julio Cortázar



Os dejo este cuento de Julio Cortázar para que lo leáis a propósito del cuento fantástico que vamos a ver este tema.Disfrutadlo.

La casa tomada.Julio Cortázar.

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Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.

Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las ultimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos al mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y cómo nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegábamos a creer que era ella la que no nos dejó casarnos. Irene rechazó dos pretendientes sin mayor motivo, a mí se me murió María Esther antes que llegáramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria clausura de la genealogía asentada por nuestros bisabuelos en nuestra casa. Nos moriríamos allí algún día, vagos y esquivos primos se quedarían con la casa y la echarían al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos; o mejor, nosotros mismos la voltearíamos justicieramente antes de que fuese demasiado tarde.

Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. No sé por qué tejía tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era así, tejía cosas siempre necesarias, tricotas para el invierno, medias para mí, mañanitas y chalecos para ella. A veces tejía un chaleco y después lo destejía en un momento porque algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla el montón de lana encrespada resistiéndose a perder su forma de algunas horas. Los sábados iba yo al centro a comprarle lana; Irene tenía fe en mi gusto, se complacía con los colores y nunca tuve que devolver madejas. Yo aprovechaba esas salidas para dar una vuelta por las librerías y preguntar vanamente si había novedades en literatura francesa. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina.

Pero es de la casa que me interesa hablar, de la casa y de Irene, porque yo no tengo importancia. Me pregunto qué hubiera hecho Irene sin el tejido. Uno puede releer un libro, pero cuando un pullover está terminado no se puede repetirlo sin escándalo. Un día encontré el cajón de abajo de la cómoda de alcanfor lleno de pañoletas blancas, verdes, lila. Estaban con naftalina, apiladas como en una mercería; no tuve valor para preguntarle a Irene que pensaba hacer con ellas. No necesitábamos ganarnos la vida, todos los meses llegaba plata de los campos y el dinero aumentaba. Pero a Irene solamente la entretenía el tejido, mostraba una destreza maravillosa y a mí se me iban las horas viéndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente los ovillos. Era hermoso.

Cómo no acordarme de la distribución de la casa. El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte más retirada, la que mira hacia Rodríguez Peña. Solamente un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esa parte del ala delantera donde había un baño, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual comunicaban los dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zaguán con mayólica, y la puerta cancel daba al living. De manera que uno entraba por el zaguán, abría la cancel y pasaba al living; tenía a los lados las puertas de nuestros dormitorios, y al frente el pasillo que conducía a la parte más retirada; avanzando por el pasillo se franqueaba la puerta de roble y mas allá empezaba el otro lado de la casa, o bien se podía girar a la izquierda justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo más estrecho que llevaba a la cocina y el baño. Cuando la puerta estaba abierta advertía uno que la casa era muy grande; si no, daba la impresión de un departamento de los que se edifican ahora, apenas para moverse; Irene y yo vivíamos siempre en esta parte de la casa, casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble, salvo para hacer la limpieza, pues es increíble cómo se junta tierra en los muebles. Buenos Aires será una ciudad limpia, pero eso lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una ráfaga se palpa el polvo en los mármoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macramé; da trabajo sacarlo bien con plumero, vuela y se suspende en el aire, un momento después se deposita de nuevo en los muebles y los pianos.

Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido venía impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tiré contra la pared antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.

Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene:

-Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado parte del fondo.

Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados.

-¿Estás seguro?

Asentí.

-Entonces -dijo recogiendo las agujas- tendremos que vivir en este lado.

Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tardó un rato en reanudar su labor. Me acuerdo que me tejía un chaleco gris; a mí me gustaba ese chaleco.

Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene pensó en una botella de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza.

-No está aquí.

Y era una cosa más de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa.

Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aun levantándose tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, no daban las once y ya estábamos de brazos cruzados. Irene se acostumbró a ir conmigo a la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien, y se decidió esto: mientras yo preparaba el almuerzo, Irene cocinaría platos para comer fríos de noche. Nos alegramos porque siempre resultaba molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse a cocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre.

Irene estaba contenta porque le quedaba más tiempo para tejer. Yo andaba un poco perdido a causa de los libros, pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar la colección de estampillas de papá, y eso me sirvió para matar el tiempo. Nos divertíamos mucho, cada uno en sus cosas, casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene que era más cómodo. A veces Irene decía:

-Fijate este punto que se me ha ocurrido. ¿No da un dibujo de trébol?

Un rato después era yo el que le ponía ante los ojos un cuadradito de papel para que viese el mérito de algún sello de Eupen y Malmédy. Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.

(Cuando Irene soñaba en alta voz yo me desvelaba en seguida. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sueños y no de la garganta. Irene decía que mis sueños consistían en grandes sacudones que a veces hacían caer el cobertor. Nuestros dormitorios tenían el living de por medio, pero de noche se escuchaba cualquier cosa en la casa. Nos oíamos respirar, toser, presentíamos el ademán que conduce a la llave del velador, los mutuos y frecuentes insomnios.

Aparte de eso todo estaba callado en la casa. De día eran los rumores domésticos, el roce metálico de las agujas de tejer, un crujido al pasar las hojas del álbum filatélico. La puerta de roble, creo haberlo dicho, era maciza. En la cocina y el baño, que quedaban tocando la parte tomada, nos poníamos a hablar en vos más alta o Irene cantaba canciones de cuna. En una cocina hay demasiados ruidos de loza y vidrios para que otros sonidos irrumpan en ella. Muy pocas veces permitíamos allí el silencio, pero cuando tornábamos a los dormitorios y al living, entonces la casa se ponía callada y a media luz, hasta pisábamos despacio para no molestarnos. Yo creo que era por eso que de noche, cuando Irene empezaba a soñar en alta voz, me desvelaba en seguida.)

Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed, y antes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. Desde la puerta del dormitorio (ella tejía) oí ruido en la cocina; tal vez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del pasillo apagaba el sonido. A Irene le llamó la atención mi brusca manera de detenerme, y vino a mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y el baño, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.

No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían más fuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.

-Han tomado esta parte -dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.

-¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? -le pregunté inútilmente.

-No, nada.

Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.

Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.


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Saludos.

martes, 29 de enero de 2013

miércoles, 16 de enero de 2013

Concurso de cómic

Dentro de las actividades de la biblioteca se va a organizar un concurso y exposición de cómic realizados por los alumnos.Os animo a participar, la fecha de entrega es final de mes.

Por si necesitáis ayuda os doy alguna ideas,ya que hemos visto la épica podéis seguir los siguientes pasos:

1. Describe un héroe protagonista de tu historia, señala sus características, cualidades y puntos débiles. Recuerda que puede ser un héroe real y cotidiano.
2. Escribe varias hazañas a las que se enfrenta tu héroe y cómo logra superarlas( vencer a alguien, superar un peligro, resolver un conflicto...)
3. Escribe los diálogos y secuencia la historia.
4.Ya puedes empezar a dibujar.

Os dejo un presentación como ayuda:



miércoles, 9 de enero de 2013

Determinantes,pronombres y adverbios


1)      Identifica y subraya los determinantes, pronombres y adverbios de los siguientes enunciados:

-          Jamás había pensado que tú fueses capaz de tratar así a tu padre.

-          Mis años de infancia vinieron ayer a mi mente al ver a un viejo amigo.

-          Todos nuestros familiares acudieron a la cena.

-          Algunos prefirieron dormir en un hotel.

-          Muy pronto estarán aquí los nuevos estudiantes.

-          Lo expuso muy bien y sin ponerse demasiado nerviosa.

-          ¿Le diste a su madre la libreta y todos los lápices?

-          Muchos padres creen ciegamente en sus hijos.

lunes, 26 de noviembre de 2012

25 de noviembre: Día Internacional de Lucha contra la violencia de género




 Hogar.Pedro Guerra.Hijas de Eva


¿Qué hacer cuando el hogar no es la morada
donde me encuentro a salvo del dolor?
¿Qué hacer cuando no sé dónde esconderme
y el tiempo nunca juega a mi favor?
¿Qué hacer cuando el amor golpea y deja marca?

¿Qué hacer cuando no puedo separarme
 
de aquello que me hiere y me hace mal?
¿Qué hacer cuando me acosa y me persigue
y tengo miedo de la oscuridad?
¿Qué hacer cuando el amor
ya no es amor ni es amor ni es nada?
Y cada vez más sola,
más triste y más atrapada.
Y cada vez más débil,
más al borde de la nada.

¿Qué hacer cuando el hogar es el infierno
 
donde se quema todo lo que soy?
¿Qué hacer cuando he perdido la confianza
rompiéndose en pedazos la razón?
¿Qué hacer cuando el amor golpea y deja marca?

¿Qué hacer cuando la luna ya no alumbra
 
la senda que nos lleva a la verdad?
¿Qué hacer cuando no hay nadie que me cuide
y todo lo que tengo es soledad?
¿Qué hacer cuando el amor
ya no es amor ni es amor ni es nada?

Y cada vez más sola,
 
más triste y más atrapada.
Y cada vez más débil,
más al borde de la nada.