Hogar.Pedro Guerra.Hijas de Eva ¿Qué hacer cuando el hogar no es la morada donde me encuentro a salvo del dolor? ¿Qué hacer cuando no sé dónde esconderme y el tiempo nunca juega a mi favor? ¿Qué hacer cuando el amor golpea y deja marca?
¿Qué hacer cuando no puedo separarme de aquello que me hiere y me hace mal? ¿Qué hacer cuando me acosa y me persigue y tengo miedo de la oscuridad? ¿Qué hacer cuando el amor ya no es amor ni es amor ni es nada? Y cada vez más sola, más triste y más atrapada. Y cada vez más débil, más al borde de la nada.
¿Qué hacer cuando el hogar es el infierno donde se quema todo lo que soy? ¿Qué hacer cuando he perdido la confianza rompiéndose en pedazos la razón? ¿Qué hacer cuando el amor golpea y deja marca?
¿Qué hacer cuando la luna ya no alumbra la senda que nos lleva a la verdad? ¿Qué hacer cuando no hay nadie que me cuide y todo lo que tengo es soledad? ¿Qué hacer cuando el amor ya no es amor ni es amor ni es nada?
Y cada vez más sola, más triste y más atrapada. Y cada vez más débil, más al borde de la nada.
Para realizar esta actividad primero lee el texto de Julio Cortázar. Más abajo tienes un vídeo en el que se leen fragmentos de ese mismo texto.
La actividad consiste en escribir unas instrucciones para hacer una tarea sencilla y que todo el mundo sabe hacer y domina, al estilo del texto de Cortázar. Puedes escribir unas instrucciones para abrir un paquete de chicles, por ejemplo, o para sentarse, para abrir una puerta, para ponerse una camiseta, para subir la persiana, para pelar un plátano… échale imaginación, se valorará la originalidad y el humor del texto.
En cuanto a la extensión del ejercicio, no hace falta que sea tan largo como el texto de Cortázar, pero tampoco demasiado corto.
Instrucciones para subir una escalera. Julio Cortázar.
Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se sitúa un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso.
Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierd
a (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en ‚este descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).
Llegado en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.